Le mal de tête

Solo tengo 15 minutos para escribir,

Y el reloj titila sin percibir,

Que mis ganas son más grandes que su sentir,

Porque siento que ya no puedo sonreír.

El escritor busca drenar,

Busca soltar,

Busca respirar,

Con claridad y sin detonar,

Todo aquello que lo hace querer explotar.

¿Y cómo no explotar?

Si las noticias me hacen silenciar,

En todo acto suicida me hacen pensar,

Y el teléfono no para de sonar,

Aquí en la oficina siento que voy a expirar.

La cabeza me estalla,

Mi cuerpo no se haya,

Al piso voy, y no es pantalla,

Porque hasta el cuello me falla.

Los dedos los tengo marcados,

Lastimados,

Sonados,

Y todo esto por no estar a tu lado,

Pero no, necesito estar activado,

Sino de aquí me va a recoger el mensajero enviado,

Por mi jefe, a cuenta de estar desconectado.

Y ni una nota me darán,

Yo siento que me perseguirán,

De nada vale gritar porque igual seguirán,

Hasta aquí llego compadres yo no doy para más.

De la xenofobia y otros pecados…

Este blog siempre se ha caracterizado por albergar historias, dar refugio a pensamientos que se transforman en ideas que dan pie a historias. Mucha ficción es la que se consigue acá, salvo hoy. Hoy no. Hoy no hablaré de ficciones, sino de realidades: la nuestra. Una realidad que tiene muchas caras, muchos aristas que discutir, por lo que hoy solo tocaré uno en particular.

Revisando el facebook, conseguí en el timeline la foto que verán a continuación:

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La foto muestra un voucher de compra en un establecimiento de ARUBA. Si se fijan en la parte inferior del mismo, pueden leer una frase que es la razón de este post: “Venezuelan stay over Venezuella” (Venezolano, quédate en Venezuela). No sé si tal frase de verdad salga impresa en los recibos de ese negocio arubeño como me hace creer la persona que originalmente subió esa imagen al facebook, pero de ser cierta (mantengo mi duda razonable de su veracidad) me parece una gravísima falta de respeto que en otras circunstancias conllevaría al término de relaciones con tal isla.

Es lamentable, muy lamentable, tener que calarnos la imagen que nos tienen en muchos países como turistas/inmigrantes, donde somos víctimas de xenofobia (como la que se muestra en la imagen). Lo peor es que esa misma xenofobia viene causada por gente de nuestro mismo gentilicio que ha cometido cualquier cantidad de fechorías y han puesto un esfuerzo enorme en ser catalogados como “basura”. Mismo “adjetivo” que por culpa de ellos, reciben también los demás que sí trabajan duro y sudan bastante para obtener lo que aquí no pudieron: una mejor situación socio-económica.

Es ciertamente injusto, que cuando me llegue el turno de abandonar Venezuela, tenga que enfrentarme yo también a ese trato, sea cual sea el país que escoja como destino para migrar. No me imagino la arrechera que me daría el ir a un sitio, en una isla que subsiste gracias al turismo, para ser vejado de tal forma; viendo semejante frase en un recibo. Allí radica lo malo de GENERALIZAR. La injusticia en ello, es inaudita. Ah, o sea, que como un coñoe’madre vino y raspó su cupo, yo, que sí vengo con miras de establecerme y formar parte de una sociedad donde deseo dar lo mejor de mí, ¿voy a recibir tal trato? ¿Tengo que calarme eso? ¿Tengo que meterme la lengua en el culo para que no sepan que soy venezolano y no me saquen a patadas del local porque piensan que los voy a estafar?

No pana, esto es uno de tantos colmos que sufre uno, el joven, el que busca la mejor manera de echar pa’lante. No puedo forjar mi destino en mi país de nacimiento, porque o me matan, o me roban, o me invaden la casa, o no consigo comida, o no me alcanza el sueldo, o el gobierno me expropia la empresa, o me estafan, o me secuestran, o pare usted de contar. Vendo todo, compro un pasaje para irme a otra frontera donde mi esfuerzo sí se vea premiado con una mejor situación socio-económica (y política, no olvidemos ese detalle), para que entonces, apenas llegue, los residentes de aquel país (sea el que sea) piensen: “Qué fastidio, ya llegó otro venezolano a robarnos, estafarnos, timarnos, entre otras.

A veces no sé si es que estamos pagando un karma ancestral y milenario, o es que simplemente Dios (si existe) se molestó con nosotros porque, ni tan calvo ni con dos pelucas, papá.

La Belle Époque

Norberto miró su reloj con nervios. Su Longines “La Renommée” dorado le avisaba que pisaban más de las 6 de la tarde. Pensaba en lo tarde que se hacía, y en que Luna no llegaba. Ella siempre tan despistada. A modo de calmar su ansiedad, buscó una superficie donde verse reflejado y acomodarse la corbata, la cual sentía torcida. Su flux negro de rayas grises casi imperceptibles, estaba pulcro, sin detalles. La corbata a juego lucía con esplendor, y el remate de su sombrero tipo fedora lo hacía lucir como todo un partidazo. Luna por su parte, tan perdida ella en su inmenso universo mental, iba a 3 calles caminando con cierta languidez. Venía pensando en teorías astrofísicas, todas resueltas con facilidad en su rubia cabellera con corte garçon tan propio de la época. Venía con su largo cigarrillo encendido y el tintineo de sus prendas de oro con las perlas, el vestido corto hasta la mitad de sus esbeltas piernas. Toda una captura.

Finalmente, Luna llegó y al hacerlo, muchas miradas voltearon hacia ella. Su risa incomparable era un regalo sublime de los Dioses. Por supuesto, Norberto también fue objeto de miradas envidiosas y contundentes al verlo recibir a tan escultural mujer. El regaño de Norberto no se hizo esperar, él siempre tan justo y medido con el tiempo le reclamó a Luna su falta a lo cual, ella le respondió con una sonrisa y un beso. El sonrojado Norberto en cuestión de microsegundos olvidó toda molestia y ansiedad. El teatro ya había abierto sus puertas y el público entraba a pasos lentos.

Ambos comenzaron a subir las escalinatas, saludando a raquel y todo aquel que los reconocía. Neville por aquí, Gregory por allá, los Finnigan, el Maestro Slughorn… tantos nombres, tanta gente. Se sentía un ambiente festivo en la sala, aunque el concierto dictaba una ocasión más sobria y solemne. Pero así era el París de esa época. En lo que se apagaban las luces, se transformaban en ávidos devoradores de cultura, respetando toda costumbre que hiciera la velada más increíble. Una tal Penelope se acercó a saludar a Norberto, pero la peligrosa mirada de Luna le alteró los planes por lo que optó por un raudo beso en la mejilla y salió despavorida. A Norberto esto le encantó y miró sonriente a su amada, quien ahora malencarada le dirigía una mirada recelosa.

Pronto, el concierto comenzó. Un especial de Chopin habría de iniciar. Todos sus nocturnos habrían de ser tocados por el magnífico Paderewski. Y así comenzó. Aquel magnánimo momento dio inicio a la mejor noche que podrían imaginar. Extasiados escuchaban las dulces y tenues melodías del piano, de manos del gran maestro polaco. Como en una burbuja se sentían, enamorados de la música y de ellos mismos. Pero Norberto tenía una sorpresa preparada. Mientras sonaba el Op. 9 no. 2, sujetó la mano de Luna con cariño. La quitó por unos segundos, y la devolvió al lugar con un rápido movimiento de dedos, a lo que Luna respondió extrañada revisándose su mano…

Un anillo hermosísimo, con un diamante de gran tamaño hacía hogar en su anular.

Luna eufórica tuvo que guardar compostura, aunque muy pobremente lo logró. Sus vecinos de puestos volteaban con molestia pero pronto comprendieron la emoción y sonrieron como cómplices del asunto. Luna besó de inmediato a Norberto y con rapidez llevó su boca al oído para contestarle lo que él tanto esperaba: un sí. Al finalizar el concierto, la palabra se corrió cual pólvora encendida y pronto se encontraban rodeados de parisinos felices estrechando sus manos y deseándoles mucho éxito. La señorita Delacour fue la primera en acercarse a abrazarlos, seguida por Sir Cadogan quien tan elocuentemente les declamó un poema del gran Huxley, y así se les iba el encuentro.

Finalmente, entre vítores, y como si fuese ya la ceremonia eclesiástica, salieron del recinto cultural felices como perdices. Se casaron un mes más tarde, por supuesto y fue un espectáculo digno de recordar. El mismísimo Jay Gatsby se hizo eco de la celebración y le pidió a los tórtolos que asistieran a una de sus memorables fiestas. Ellos, por supuesto, subieron a un avión y llegaron a New York un día después de la invitación. Esa Belle Époque que solo me queda en este álbum de fotos antiquísimo que vislumbro en estos momentos. Me encantaría pasearme por París, montarme en un taxi y bajarme con mis tatarabuelos a alguna de estas fiestas. Sin que ellos lo sepan claro.

¡Ahí viene la Migra!

El automóvil iba despacio por la autopista. Sin prisa pero sin pausa. Recorría las curvas con facilidad, con el motor silencioso propio de tecnología japonesa. El ambiente dentro del vehículo era parecido, por no decir igual a la sonoridad del motor. Nadie hablaba, nadie decía nada, ni pío. Nadie pensó en chistes, ni en situaciones cómicas, pero sí en anécdotas. Recuerdos de toda una vida. El camino parecía acortarse rápidamente, aunque todos querían no-tan-secretamente lo contrario.

Alcanzaron el largo túnel, y la oscuridad los ensimismó más en sus pensamientos. Cada una de las 5 personas que iba en el Corolla vinotinto del 2012, recorría todo aquello que se intentó pero que no se alcanzó. Todas esas rutas trazadas que al final desembocaron en este camino, triste y sinuoso, que no querían transitar. Mucho menos el protagonista. Sabía que por ese camino, se le haría el triple de fácil alcanzar sus metas de mediano y largo plazo pero, en su interior, sabía que no era ese camino el que él hubiese querido recorrer.

El largo túnel dio sitio a un claro en el camino, pero pronto se vieron envueltos en la misma oscuridad de hacía segundos, aunque esto no los inmutó ni los apartó de sus sombríos pensamientos. A medida que se acercaban al destino, la señora madre del protagonista ahogaba un sollozo y se secaba una escurridiza lágrima que bajaba rauda por su mejilla derecha. El protagonista pensó en decir algo, pero no hubo palabra alguna que cruzara su cerebro que fuese lo suficientemente buena para calmar los ánimos de ella. Ni los de nadie.

El protagonista, quien iba de co-piloto, volteó a su izquierda para ver el mar, aunque pronto lo pudo ver por el parabrisas del auto. Su hermano conducía y le dedicó una sonrisa a través de sus lentes a Francisco José. Menor que él, se había graduado de Ingeniero Mecánico hacía unos 6 meses, de una universidad de la capital donde había residido los años de la carrera. Roberto Antonio, fijándose en la autopista y esquivando a un autobús que iba un tanto más rápido de lo normal, se fijó en su propio anillo de graduado que rezaba: INGENIERO MECÁNICO con el que carga desde hace 12 años.

En el próximo dedo, veía su anillo de casado que compartía con María Alejandra quien iba en el asiento de atrás, justo al lado de su suegra, la señora Rosa Margarita. Unos minutos más tarde doblan algunas calles y se adentran en el complejo aeroportuario. Su ruta se enfila hacia el terminal internacional, donde Francisco José tomará un vuelo de solo ida hasta un país norteamericano. Finaliza el tramo hasta el estacionamiento, donde los primeros en bajarse son los hermanos, para luego dar paso a su madre y esposa. Ambos varones, luego de ser abierta la maleta, comienzan a bajar con cuidado los bolsos y maletínes, para prepararlos al desfile.

Roberto toma dos maletas, y Francisco José coge su equipaje de mano, así como la más grande tipo carry on donde llevara su conexión con su país natal. Más allá de su ropa, los álbumes de foto que no quiso dejar en casa de su madre y los regalos de sus amigos más cercanos. Souvenirs que planea llevar a diario consigo, para no olvidar sus rostros. Caminan hasta el check-in de la aerolínea, donde Francisco muestra su papeleo, boleto  y pasaporte incluídos hasta que la instrucción final es que pase a la zona de migración con al menos una hora de anticipación del vuelo, para evitar retrasos innecesarios.

Él asiente y se voltea hacia sus familiares, siendo la primera en reaccionar su madre quien lo atrapa con un abrazo fortísimo. Se abrazan ambos, y a ella se le desprenden algunas lágrimas. Él siente un nudo fortísimo en el pecho y cerró los ojos también, dejando escapar otras lágrimas. La obra de Cruz-Diez termina recibiendo unas cuantas gotas. Francisco se separó y comenzó a hablar. Comenzó a decir todo aquello que pensó que subiría un poco los ánimos de su familia.

Palabras fueron, palabras vinieron, lágrimas aquí, otras más allá y pronto llegó el momento de desprenderse pues ya había llegado la hora en que Francisco debía adentrarse solo a esa zona del aeropuerto donde solo entran quienes deben enfrentar las fauces de la migración solitaria. Abrazó a cada uno fuertemente, como sin querer soltarlos. Su madre rompió en sollozos y en el abrazo con su hermano, su cara se puso roja de la fuerza para impedir el llanto.

Francisco se enfiló hacia la puerta corrediza, mostró su ticket y su pasaporte, y le indicaron que pasara. Fue allí cuando se volteó por última vez, y les dedicó una mirada de esperanza a los que dejaba atrás. Muchos de sus amigos, primos conocidos y demás familiares ya se habían adentrado en esa zona, siendo él otro más que se agregaba a la larga lista. A su espalda, se despedía otra familia, quedando aún más despedazados pues logró escucharles los gritos y el llantén.

***

Las cenas familiares, se convirtieron en cenas de pareja. La cena de navidad, pasó a ser cena tecnológica pues los que se quedaban, usaban sus artilugios electrónicos para contactar a los que ya se fueron y rememorar tiempos felices donde sí estaban todos juntos en una sola casa. Los almuerzos en casa de la Nonna quedaron para el recuerdo, así como la manufactura de hallacas, galletas y demás. Atrás quedaron esas reuniones de amigos para celebrar cualquier cosa. Hace mucho que dejamos de pasar los puentes en la playa, con nuestros allegados. El país se quedó en silencio, y es que toda esa fuerza joven que se hacía anunciar con gritos y vítores, fue desplazada al exterior. Todos aquellos amigos que antes nos vacilaban, ahora vacilan a otros en otras fronteras. El país se queda a oscuras, con una letanía de ultratumba pues los que aquí seguimos… ya estamos por irnos.

Equidistantes

Como aquel océano que conecta dos puntos equidistantes.

Aquel árbol acariciado por un viento lejano que llega como visitante.

Viene a ver qué encuentra, a ver qué se lleva.

En un punto del mapa me encuentro yo.

En el otro, estás tú.

Ambos alzamos las manos a ver si ese viento nos ayuda a cruzar este océano.

El tiempo corre libre a nuestro alrededor.

Ese mismo tiempo nos desgasta, nos oxida, nos hace más viejos.

Tal vez sea nuestra vejez el tiempo correcto para estar juntos.

Pero yo me niego a creer tal cosa.

Tal vez necesite de un tsunami que jamás llega.

Una ola gigantesca que me haga aterrizar en un puerto.

Un puerto de bellas luces y atardeceres infinitos.

Un puerto donde estés tú.

Pero hey, tal vez sea hora de celebrar.

¿Celebrar qué?

Bueno, que seguimos esperándonos el uno al otro.

Que no hemos desfallecido en el intento.

Que ese océano que nos separa no ha recibido ninguna toalla o trapo blanco.

Tal vez debamos celebrar que seguimos juntos.

Podría pintar un atardecer desde donde estoy.

Uno para ti. Porque, ¿para quién más?

Podría pedirle a Júpiter que se deje ver más fácilmente a ojo desnudo.

Mientras tú haces lo mismo con Saturno.

Somos interminables.

Inalcanzables.

Y no tenemos descanso.

Cuando el océano se acabe y los puntos equidistantes se disipen entre la niebla…

…será el día más alegre del universo.

Pues nuestras sonrisas serán las protagonistas.

Venezolanismos

Ese martes me había estado sintiendo un tanto “gris”. Me sentía como apático, fastidiado de la vida. Quería salir de la oficina e irme a dormir… o a tuitear que es lo que comúnmente hago en mis ratos libres. O a terminar aquel libro que ya está agarrando polvo y sigo sin darle finiquito. Pero no, tenía que quedarme hasta el final de la jornada en la oficina y eso no me estaba ayudando anímicamente.

Ganímedes me escribió al celular y me preguntó si iba a la fiesta de Hiperión. Yo le dije que no sabía, que estaba pendiente en anunciarlo para todo el que quisiera saber. Me insistió por un rato, me dijo que iría con sus 3 amigotes, el clan entero: Ío, Europa y Calisto. Yo, un poquito más entusiasmado con la noticia, le dije que con seguridad le avisaba el viernes en la tarde para poder cuadrar todo. Unos 5 minutos después, me estaba llamando Tetis de un número desconocido:

T: Ay Maggot, ¡qué pesar! ¡Quiero como llorar! Estoy demasiado triste…

Mr. M: ¿Tetis? ¡¿Qué pasó?! Cuéntame todo ya mismo.

T: Ay Maggotcito lindo, que me robaron. A mí y a Encélado.

Mr. M: ¡No puede ser! ¿Y dónde fue? ¿Qué les quitaron? ¿Cuándo fue?

T: Bueno *entre sollozos* fue saliendo de Plaza Venezuela, saliendo del metro, el sábado pasado. Sabes que él y yo estamos saliendo pues, y salimos en ese momentico del metro para sacar plata del cajero porque íbamos a casa de Adrastea, que vive por Las Palmas, y Encélado iba con su bolso porque habíamos salido de la universidad y sintió como que le jalaron el bolso. él se volteó y estaba un tipo atrás y lo empujó… *sollozando más fuerte* y vino otro tipo y nos apuntó con la pistola.

Mr. M: ¡Coño Tetis! ¡Qué cagada vale! ¿Ajá, y eso cómo a qué hora fue?

T: Eso habrá sido como a las 6:30 pm, si acaso.

Mr. M: ¿Y qué les quitaron?

T: Encélado cuando se volteó que empujó al otro tipo, se molestó muchísimo, y fue peor cuando llega el otro sucio a apuntarnos con su pistolón. El que estaba en el suelo, se levanta relajado y nos dice que solo quiere el efectivo que cargamos y los celulares. Yo estaba demasiado nerviosa y de paso el tipo de la pistola me estaba viendo como que mucho, y Encélado se dio cuenta y sabes cómo se pone él de celoso conmigo…

Mr. M: Sí sí, lo sé…

T: Ajá, entonces el de la pistola le reviró ahí a Encélado y este se puso fúrico… él que es todo blaaaanco y pálido se puso rojo de la arrechera. Yo saque los 500 bolos que tenía en la cartera y se los di al chamo que habíamos tumbado y Encélado sacó 200 que era lo que tenía, que por eso íbamos al cajero. Le dimos los celulares y luego el tipo de la pistola le preguntó a Encélado que qué tenía él en el bolso…

Mr. M: Coño… ¿y entonces?

T: Él le dijo que tenía “cosas personales”… en realidad tenía una botella e’ whisky que le iba a dar a un profesor de la facultad por haberle dado unas clases particulares que le ayudaron a pasar una materia que venía arrastrando desde hace 3 semestres.

Mr. M: ¿No sería que esa botella era para el profesor de la materia como tal? *risas*

T: No no *risitas* de verdad era para ese otro profesor porque fue muy bueno con él.

Mr. M: Ajá, ¿y entonces?

T: Bueno, luego de eso, tuvo que abrir el bolso y vieron la botella y casi que se lamían la boca los muy hijos de puta. Se la llevaron y nos dejaron tranquilos.

Mr. M: Coño, menos mal que no pasó nada más allá chama, de pana. Ajá, ¿y de dónde me estás llamando?

T: Del celular de Calipso, que ando con ella buscando a ver si consigo aunque sea un perolito para comprarme y no andar incomunicada por ahí. Encélado sí está jodido, no sabe cómo hacer.

Mr. M: Qué triste vale. Este país no se cansa de irse a la mierda un poquito más cada día.

T: Ay, es así Maggot. Qué tristeza esto. Bueno, te dejo cariño que ya Calipso me anda haciendo seña para que corte y no le gaste todos los minutos, hablamos después ¿ok? ¿Nos vemos en la fiesta de Hiperión?

Mr. M: Ganímedes me escribió precisamente lo mismo hace rato y le dije que no sabía, que le daba seguridad el viernes por la noche.

T: Uy, si ese ser va, tengo una por aquí que le va a encantar la idea jaja. *se escucha la voz de Calipso preguntando qué pasó con cierta vehemencia*

Mr. M: Ah bueno, no sé nada. Si voy, le digo a Tebe que me acompañe. Hablamos entonces Tetis, y cuídate por ahí.

T: Seguro mi vida, estamos en contacto…

La llamada terminó y me quedé pensativo. Tanta inseguridad que nos desborda desde hace añales a los que vivimos en este país. En eso, me acordé que debía pasar precisamente por Plaza Venezuela a buscar unos documentos que me tenía mi amigo Telesto, así que me enfilo hacia allá.

Al llegar al sitio, subo a la calle y me doy cuenta de la presencia de un policía y tres guardias nacionales cerca de la esquina donde están los cajeros. Me le acerco al policía y le comento lo que le pasó a mis amigos hace días por esa zona y le digo que son 2 tipos, y los demás detalles. Comenzamos a hablar y me entero que al paco le dicen “Titán”, me imagino que por lo gordo que es:

Mr. M: Bueno sí compadre, los agarraron más o menos en aquella esquina, como te dije, son dos tipos… *señalando el sitio*

Ti: Esta tardecita agarramos a varios choritos y los tenemos llevando coñazo en la Comisaría, si quieres le dices a tus amigos que se lleguen pa’ que los reconozcan y vemos quiénes son…

Mr. M: No vale, qué va, mis panas no se van a llegar nada. Imagínate tú, ellos van, echan la paja de quiénes fueron, ustedes le dan la rumba e’ coñazos pero después los sueltan… la próxima vez que esos carajos vean a mis amigos capaz y les caen a tiros sin mediar palabra…

Ti: Bueh, ¿qué te puedo decir?

En ese momento, Titán puso una cara de tristeza y los Guardias se voltearon, pendientes de nuestra conversación.

Mr. M: Qué bolas, ¿no? No es por ofenderte, pero es arrecho para uno el que va a pie… tú tienes un pistolón y por lo que veo hasta un rifle, con eso te defiendes, entre eso y tu chaleco llevas la de ganar pero ¿y uno?

Ti: Si supieras que yo corro más riesgo que tú, chamo.

Mr. M: ¿Cómo es eso?

Ti: A la gente normal los roban y habrán algunos que reciban tiros, otros que no… es triste pero depende del malandro. Pero nosotros no. A nosotros nos disparan a matar, directo a la cabeza, sin decirnos nada, solo para quitarnos el arma. Aquí donde estoy, con “el pistolón” y el rifle, que no es mío, es de uno de los Guardias, y estoy corriendo el riesgo parejo. En cualquier momento puede pasar un motorizado disparándonos, solo para quitarnos los “yerros”.

Mr. M: Já. Nojoda, y es triste porque se supone que ustedes son los que nos protegen a nosotros… pero a ustedes no los protege nadie… 

Ti: Eso es lo que da arrechera, que nosotros cobramos una miseria, pa’ un coño. Porque en cualquier momento, pum, chao, nos vamos al otro barrio. ¿Tú te enteraste de lo que pasó en el Cementerio hace días no?

Mr. M: Sí, leí algo por twitter, un tiroteo que duró unas 6 horas más o menos, con los “sin techo”.

Ti: Exactamente… y al final ¿qué? Mis compañeros se tuvieron que retirar… 

Mr. M: Qué bolas esa vaina.

Ti: Esa gente está mejor armada, muchísimo mejor armada que nosotros…

Mr. M: A todas estas, ¿eso no debió haber sido una operación conjunta con la Guardia Nacional por ejemplo? Donde ustedes pudiesen haber tenido control de la situación en 1 hora máximo… Digo, sabiendo de la “preparación” que tienen aquellos...

Los Guardias Nacionales escuchaban atentos nuestra conversación, y voltearon a ver la cara y a escuchar la respuesta de Titán.

Ti: Sí, en efecto… debió haber sido así… pero qué coño… nos ordenaron así a los coñazos, y a los coñazos nos llegamos…

Mr. M: Da más arrechera pensar que esas armas, más mejores que las de ustedes, fueron dadas por sus propios superiores… Ya eso se sabe, es un secreto a voces.

Titán se ríe (para no llorar o molestarse) y me dice:

Ti: Vamos a cambiar de tema mejor chamo…

Luego de eso, le dije que me disculpara si lo había molestado y me dijo que no había sido así, me recomendó que me cuidara por ahí y demás. No me sorprendió lo que se dijo en la conversación porque como le dije, eso es un secreto a voces, pero sí me pareció terrible sentir la impotencia que tenía el pobre Titán al respecto. Y como buen venezolano, a los minutos se me olvidó todo por completo.

Un verso único

Y entonces llegó ella y sacudió su mundo.

Sacudió su sol.

Sus estrellas se estremecieron al verla.

Aquellas enanas blancas y gigantes rojas se emocionaron tanto que parecían explotar.

Él sufría una reacción en cadena.

En su estómago sentía miles de supernovas, iluminando todos los confines.

En su mente yacía un big bang que le daba inicio a su tiempo.

Al tiempo cósmico que habría de unirlos y nunca separarlos.

No habría energía oscura que los acelerara.

No sufrirían expansiones ocultas ni inesperadas.

El amor que sentían era digno de estudiarse en un acelerador de partículas.

Nikola Tesla se hubiese sentido orgulloso de ver la electricidad en sus miradas.

La atracción gravitatoria que sentían los unía más y más.

Parecía acercarse una colisión… pero no.

Seguían danzando en órbitas elípticas perfectas.

Jano y Epimeteo estaban felices de verlos, pues los veían como sus hermanos de la Tierra.

Ella, un satélite de Júpiter.

Él, un satélite de Saturno.

Pero ninguno orbitaba alguno de esos planetas.

Solo en sus corazones.

El universo sonreía cuando estaban juntos.

Ella no escapaba a los designios de su masa oscura.

Se sentía tan atraída a él, como si de un agujero negro se tratase.

Cuando estaba en sus brazos, se sentía inmersa en aquel horizonte de sucesos.

El amor que sentían el uno por el otro, era una singularidad en sí mismo.

Jamás se había visto algo así.

Habían cuerpos celestes que incluso sentían envidia de ellos.

Su envidia viajaba como la velocidad de la luz.

Pero pronto se perdía por la ausencia de oxígeno.

Cuando él la miraba, no había sonido alguno.

Cuando ella lo besaba, sentía una distorsión en su espacio-tiempo.

Se amaban. Se aman. Se seguirán amando.

Y así será, por los siglos de los siglos…

… o hasta que el universo deje de ser ese manto estelar que nos arropa.